Nina y el poder de las palabras (cuento colaborativo por el Día del Libro)
Todas las historias comienzan con un “érase una vez”, pero es que Nina era una niña diferente, por eso empezaremos por contaros el día en el que, nuestra protagonista, descubrió un libro antiquísimo y lleno de polvo, como los que salen en las películas, justo debajo de su cama.
Nina odiaba leer, puede que fuera porque todavía no se le daba del todo bien hacerlo. Cada tarde, en casa, la obligaban a sentarse, en la silla dura de la cocina, durante media hora entera. Por eso, cuando encontró el libro, lo que le llamó la atención fue que estuviera en su habitación y que ella no lo hubiera visto antes. La niña no dijo nada de su descubrimiento hasta que fue el momento de subir al dormitorio a descansar. Entonces, lo cogió con mucho cuidado porque estaba bastante sucio y le limpió todo el polvo soplando muy fuerte. Como era de esperar, la nariz comenzó a picarle de una manera insoportable, se la frotó tanto que se le puso roja. Estuvo estornudando un buen rato. Nina sabía que era culpa de su alergia, pero le daba igual, tenía mucha curiosidad por ver los dibujos del misterioso libro.
Cuando lo abrió, pudo comprobar que, entre sus páginas, había una niña con un vestido azul leyendo un cuento. En ese momento, Nina recordó que ella tenía un vestido de ese color en su armario. Rápidamente se lo puso mientras se observaba en el espejo.
Justo en ese instante comenzó a llover y el cielo parecía oscuro, al asomarse a la ventana apareció una luz, era un rayo que lo iluminaba todo. Nina se asustó un poco pero aun así continuó leyendo el misterioso libro.
En él se conservaban una serie de hechizos en versos rimados. En el primero se podía leer algo así como que, quien sostuviera el libro mientras un rayo encendiera el cielo, pasaría a ser el nuevo guardián del mismo. Nina cogió su tablet para investigar si era posible que todo esto fuera real. No estaba segura de sentirse preparada para aceptar tal responsabilidad. Comenzó a buscar información pero no fue capaz de encontrar nada acerca de este hechizo.
Como Nina era una niña muy curiosa, no podía quedarse sin respuesta, por lo que pensó en hablar con su abuelo, que era conocedor de muchas historias antiguas y estaría encantado de ayudarla. Cuando le mostró a su abuelo el libro, un gran soplido salió de sus páginas hacia la ventana y, por un momento, el cielo se volvía a iluminar con una luz muy brillante.
El abuelo miraba sorprendido aquel fenómeno. Nina sintió un cosquilleo por todo su cuerpo. Entonces, el abuelo tomó su mano con firmeza y le dijo: «Creo que este libro nos ha elegido, Nina. Es hora de que descubramos qué secretos nos revelará». Con manos temblorosas comenzaron a ojear el libro, sabiendo que su aventura apenas acababa de empezar.
De repente, unas letras empezaron a aparecer, hasta que se pudo leer: “Antiguamente, había un malvado brujo, llamado Matarrasa, que quería controlar el corazón de las personas buenas. Para ello, contaba con la ayuda de Cascarrabias, un enorme dragón negro con muy mal carácter. Pero una chica muy valiente, consiguió encerrarlos en este libro después de una terrible lucha. Cada tropecientos años se liberan y durante tres días ponen en peligro la bondad del mundo».
Mientras que leían el libro con miedo e intriga, se fundieron las luces del vecindario y escucharon una voz grave que decía: «Nina y Abuelo, soy el brujo Matarrasa. El dragón Cascarrabias y yo, os invitamos a visitar nuestro macabro castillo.» En ese momento, el suelo del pasillo de la casa se transformó en una alfombra roja con la palabra «Bienvenidos» bordada en ella.
Tanto el abuelo como su nieta, se quedaron impactados. No les dio tiempo a recuperarse cuando, de repente, apareció el dragón Cascarrabias volando hacia ellos y obligándolos a huir y a esconderse en la primera habitación que encontraron abierta. La puerta se cerró de un portazo. ¡Era una trampa! Querían dejarlos atrapados ahí para poder hacer sus fechorías. Cuando ya estaban desesperados por el encierro, vieron de nuevo la luz resplandeciente en el cielo, al otro lado de la ventana.
Nina recordó que llevaba una horquilla en el pelo. Con ella podrían abrir la cerradura de la ventana, pero… su abuelo era mayor, y estaban en un primer piso. Se preguntaba ¿cómo iban a poder bajar hasta el jardín? Entonces, del libro abierto, apareció una escalera. Cuando ambos consiguieron quedar libres, Matarrasa aprovechó para robar el libro de hechizos. Pero como él no era el elegido, no podía abrirlo y usarlo para sus planes maléficos. Lo intentó de todas las maneras posibles: forzándolo con su espada, pidiéndole al dragón Cascarrabias que le lanzara fuego, usando un hechizo que ya conocía,… pero con ninguna de esas estrategias consiguió que el libro le obedeciera.
Como el abuelo de Nina era un señor muy sabio, le dijo a su nieta que, en lugar de usar la violencia, habría que intentar averiguar por qué Matarrasa quería, con tanto empeño, controlar el corazón de las personas buenas.
Nina silbó y el libro, que sólo le obedecía a ella, aparecía de nuevo en sus manos. Entonces la niña y su abuelo le pidieron que les llevase ante la chica valiente que consiguió apresar a Matarrasa y al dragón Cascarrabias. Querían preguntarle por qué habían llegado a esta situación. De repente, de la casita del árbol que había en el jardín, apareció una niña con armadura y con un gran escudo en forma de corazón. Se llamaba Emma, les contó que lo consiguió con la ayuda de sus amigas y amigos, gracias al trabajo en equipo. Nina puso cara de no entender lo que le estaba diciendo. Emma, se dio cuenta así que les explicó con más detalle.
“Resulta que millones de años atrás, cuando Matarrasa era un niño, pasaba muchas horas solo porque tenía gustos diferentes a los demás y nadie quería acercarse a él. Al niño le encantaba la poesía, algo poco convencional para su edad. Sus compañeros y compañeras, al principio, sólo le ignoraban, pero después, comenzaron a burlarse de él. Con cada burla, su alma se volvía gris y triste hasta que, tras tanta soledad y dolor, se convirtió en un ser malvado capaz de realizar conjuros y convirtió a su perro “Bondadoso” en un temible dragón llamado ahora “Cascarrabias”.– ¿Entendéis? – dijo Emma.
Les contó también que, la única forma de atraparlos, era diciéndoles cosas desde un corazón sin ira. Nina y su abuelo escucharon atentamente las palabras de Emma, asimilando la importancia de la compasión y amabilidad en la vida de los demás. Con renovada determinación, prometieron ayudar a Matarrasa y a Cascarrabias a encontrar la paz, sabiendo que, con amor y comprensión, incluso los corazones más oscuros pueden transformarse. – Mi abuelo ya me aconsejó que no teníamos que usar la violencia, lo haremos así –, dijo Nina. Le pidió ayuda a Emma para reunir a todas sus amigas y amigos y trazar un plan que liberara a Matarrasa y al dragón Cascarrabias de su maldad.
Los pasos a seguir eran los siguientes: buscar a muchos niños y niñas que quisieran ayudarlos, llegar hasta el dragón y Matarrasa de una manera sigilosa sin que les viesen, pensar en las cosas que le dirían al dragón para revertir el hechizo y que luego Cascarrabias los ayudaran con el maleficio de Matarrasa.
Mientras la niña con la ayuda de su abuelo, comenzaba a buscar a sus amigas y amigos , Cascarrabias se encerró en una casa abandonada para que nadie pudiera encontrarlo. Por su parte, Emma intentaba reunir a todos los niños y niñas del barrio cuando, tras un humo morado, apareció el brujo Matarrasa y con un movimiento de dedo, la convirtió en piedra.
Cuando Nina y el abuelo, fueron en busca de Emma con decenas de niños y niñas, se la encontraron inmóvil. Todo eran contratiempos para nuestros protagonistas, pero, cuando estaban a punto de rendirse, en el libro, comenzó a aparecer un acertijo que les mostraría el escondite de Cascarrabias.
El acertijo decía así: “estas letras mezclarás, para un palíndromo encontrar”. El abuelo y Nina se miraron, y no sabían qué hacer, cuando de pronto, volvió a aparecer algo en el libro: “l, a, r, r, s, é, s, a, v, é, v, s, e, l, e”. –¿Esto qué es? – se preguntaba Nina muy nerviosa. Pero el abuelo la tranquilizó: –¿No te preocupes? Yo sé lo que es un palíndromo. Sólo tenemos que ordenar esas letras para que formen una oración que se lea igual de derecha a izquierda que de izquierda a derecha–.
–¡Lo tengo!–, dijo Nina, – ya sé que frase es .¡Sé verlas al revés!–
Esta frase era la clave. Nina sacó del libro un pequeño espejo y, al mirar en él, vieron reflejado en el mismo la casa abandonada donde se ocultaba Cascarrabias. Corrieron hasta la casa mientras Nina ayudaba a su abuelo y entre todos los niños y niñas que les acompañaban consiguieron capturar al dragón. Entonces, fueron a buscar a Matarrasa. Lo encontraron escondido en una cueva cerca de la casa abandonada.
Nina abrió el libro y una leyenda comenzaba a escribirse sola dentro de él. Servía para invocar una espada mágica. Nina gritó “Tyra Freyri” y apareció una espada brillante con un poema muy poderoso grabado, que con sólo mostrarlo, cancelaba cualquier hechizo maligno que el receptor tuviera. Ella fue a mostrárselo al mago Matarrasa pero justo en ese momento el dragón se interpuso. Su corazón fue atravesado por una luz que salió del poema grabado en el metal de la espada y Cascarrabias volvió a su estado natural. Pasados unos instantes, el perro se levantó y comenzó a hablar diciendo:
–¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois? – En ese mismo momento el brujo Matarrasa desapareció tras una nube de polvo. Se quedaron todos boquiabiertos hasta que Nina comenzó a contestar a sus preguntas. Le dijo que tampoco no sabía dónde estaban, pero que lo importante era que había vuelto a ser un perro y que el hechizo había sido revertido. En ese momento, la misión era la de encontrar al brujo Matarrasa en su castillo, pero antes, tenían que buscar la manera de liberar a Emma de su rigidez. Juntos empezaron a caminar hacia allí. Mientras Bondadoso les ayudaba a localizar al brujo, olfateando un trozo de la vestimenta del propio Matarrasa, todos los niños y niñas abrazaron con fuerza a la chica convertida en piedra hasta que consiguieron romper con la maldición.
Con Emma liberada, comenzaron a seguir al perro con mucho cuidado y en pocos minutos encontraron el escondite de Matarrasa. Caminaban sigilosamente para que el brujo no se percatara de su presencia. Nina convocó al libro para que los ayudara en la captura de Matarrasa, y el libro le propuso varios poemas mágicos para conseguirlo. Nina eligió los versos de uno de ellos y comenzó a recitarlos:
– Cuando yo era niño me rompí / Cuando yo era niño mi maestro era un niño / el cual se clavó un clavo en la cabeza / Perdió el habla / De él recibía mensajes por escrito / Todo lo que sé hoy día / se lo debo al niño que me lo enseñó – .
Con la cadencia del poema, al brujo Matarrasa, se le cerraban los ojos, hasta que entró en un profundo sueño que le trasladaba a su infancia. Nina aprovechó ese momento para dirigir su espada hacia el brujo y un destello azul metálico salió de la empuñadura. Rápidamente el brujo quedaría envuelto en una nebulosa blanca con la que comenzaba su transformación.
Mientras el hechizo iba abandonando el cuerpo de Matarrasa, la niña sintió compasión por él. Entendía la falta de afecto que albergaba el brujo, por lo que decidió decirle cosas dulces, cosas que él no había escuchado en su vida, por su dura niñez, cosas que hicieron pensar a Matarrasa que, todo el daño que había hecho, no merecía la pena.
Nina no sólo había salvado a Matarrasa y a su perro, también aprendió lo poderosas que pueden ser las palabras y que, tratar a los demás con amor, puede salvar el mundo.
